España bate récords de instalación solar y eólica, nunca habíamos producido tanta electricidad con energía renovable ni tampoco tantos MWh con precio de mercado cercano a cero. Sin embargo, la factura eléctrica sigue siendo volátil, incierta y, en muchos momentos, elevada.
Viendo la evolución de los costes del mercado y del sistema eléctrico a lo largo de la última década tendríamos lo siguiente:

A priori podemos decir que, en términos de volatilidad y exposición al gas, el sistema es más frágil estructuralmente a como estábamos en el 2015, algo que no tiene mucho sentido viendo cómo está evolucionando el mix de generación. Para hacernos una idea, en el 2015 teníamos un mix de generación renovable de en torno al 37 %, mientras que en los últimos años ya estamos rondando el 55-57 %. Entonces, ¿cómo es posible que generemos más barato, pero paguemos más caro?
La respuesta no está en los paneles ni en los aerogeneradores, sino en el diseño del sistema, porque en el mercado eléctrico europeo no importa cuánto cuesta producir la mayoría de la electricidad, más bien importa cuánto cuesta producir el último megavatio necesario para cubrir la demanda. A continuación, se analizarán diferentes puntos que giran en torno al sistema, de esta forma se entenderá un poco mejor el porqué de lo que nos está ocurriendo.
El mercado eléctrico mayorista en la Unión Europea funciona bajo un sistema marginalista: todas las tecnologías cobran el precio que marca la última central que entra para poder satisfacer la demanda. Si esta última tecnología tiene un coste de producción elevado, el precio para esa hora será elevado.
Poniéndolo en contexto, puedes tener un mix con un porcentaje muy elevado de generación renovable y costes de producción muy bajos. Sin embargo, si para cubrir la demanda es necesario recurrir a una tecnología de respaldo, como el gas importado, y su coste es elevado, el precio de la electricidad en esa hora vendrá determinado por esa última tecnología que entra en el sistema.
¿Esto quiere decir que el sistema marginalista no funciona? No, pero está desalineado con el nuevo mix de generación. El sistema marginalista está pensado para incentivar la inversión, señalizar la escasez y permitir recuperar los costes fijos en tecnologías con alto CAPEX y bajo coste variable. Al inicio esto está bien cuando partes de un mix con fósiles dominantes e idea de entrada de renovables, pero según van pasando las décadas se produce una canibalización donde no solo los ingresos son insuficientes para todas las tecnologías que dependen exclusivamente del mercado spot, sino que el sistema sufre una volatilidad a la que el consumidor le resulta muy difícil el poder adaptarse.
España importa la mayor parte del gas que consume, lo que implica que es un recurso que está muy ligado a mercados internacionales, tensiones geopolíticas y volatilidad.
Es cierto que como país tiene mejor diversificación gasista que otros países europeos, además tras la guerra en Ucrania se creó el “mecanismo ibérico”, con el objetivo de limitar el impacto del gas en el precio eléctrico, comparativamente nos encontramos en una mejor posición, no obstante, seguimos teniendo dependencia por el lado del gas.
En lo referente a la electricidad, es un recurso que necesitan determinadas centrales para poder generar energía, ergo el precio que marquen como coste de oportunidad para funcionar, estará ligado al coste a lo que adquieran su materia prima. A esto se suma que estas centrales, por ejemplo, ciclos combinados, son muy buenas también a la hora de respaldar necesidades energéticas por su rapidez a la hora de arrancar.
Esto implica que, aunque la electricidad sea cada vez más verde, el sistema sigue siendo marginalmente fósil, cuando la renovable no llegue, entrará el gas. Aquí es donde surge una pregunta incómoda evidente: ¿Puede hablarse de independencia energética si el precio final depende de un combustible importado y volátil?
El Operador del Sistema (REE) debe mantener en todo momento el equilibrio entre la oferta y la demanda, la problemática de las renovables es la estacionalidad e intermitencia a la hora de producir.
Esto deriva en que el coste asociado a mantener todo bajo control sea cada vez mayor, en la gráfica se puede observar como hace 10 años, el coste de REE era muy bajo en proporción al coste de mercado (OMIE), sin embargo, en los últimos años la situación ha cambiado mucho.
Es evidente que la entrada de renovables es algo positivo, ya que utilizamos recursos naturales no contaminantes cuyo coste es mucho más reducido al de los fósiles, pero esto conllevará a que el sistema sea más inestable y el coste intrínseco de equilibrarlo cada vez sea mayor, lo tenemos que asumir.
Para que el coste del sistema deje de subir, se debe atajar el problema de la transición, tocando los puntos de la integración del almacenamiento, la mejora de las interconexiones, la optimización de la gestión de la demanda, mejora de los mercados a mercados intradiarios más eficientes, digitalización, etc. Cuando se llegue a este punto el sistema en teoría volvería a ser más estable, implicando con ello que el coste de gestionarlo se reduciría, a qué niveles, todavía no se puede saber.
Uno se pudiera preguntar, si la renovable es intermitente, ¿por qué no aprovechar cuando hay excedente para almacenar y volcar cuando hay necesidad? Porque, aunque el almacenamiento es el gran ausente de la ecuación, introducirlo en el sistema a gran escala es algo muy complejo y el coste asociado es todavía muy elevado.
Lo ideal sería tener un sistema donde el almacenamiento y la generación renovable estuvieran interconectados, pero la evolución de ambas tecnologías no ha seguido el mismo ritmo, sumado además que la generación renovable instalada lleva una velocidad mucho mayor a cómo ha evolucionado la infraestructura necesaria para gestionarla.
Analizando los precios tal y como se hizo al inicio del artículo, vemos que el impacto económico es elevado, y esto es lo que nos afecta a todos. Como consumidor esperas percibir una bajada de coste progresiva y al final lo que ocurre es lo contrario, haciendo que todas las políticas aplicadas en torno a la transición energética pierdan fuerza en lo que se refiere a confianza.
Por el lado de la industria, el soportar estos niveles de precio, hace que su competitividad baje, igual no con Europa al mantener más o menos las mismas políticas, pero sí con el resto del planeta al no estar sujetos a las mismas normas.
Para esto se sacan subsidios y mecanismos correctivos, pero al final son parches a los que no todo el mundo se puede acoger, y los que se acogen tienen que nadar en burocracia y ceñirse a cumplimientos con tal de reducir un poco su factura de energía.
Dicho lo anterior, la entrada de renovables ha abierto la puerta a hundimientos de precios en determinadas épocas del año, según el respaldo que se esté dando, también se abre la puerta a poder firmar contratos PPAs a precios muy competitivos, apantallando una parte de tu consumo, la problemática reside en la capacidad de adaptarse a la volatilidad e imprevisibilidad por el lado del consumidor.
Como cierre del artículo podemos decir que la entrada de renovables tiene muchas ventajas, y gracias a ella nuestra factura cuando entran sin necesitar el respaldo de tecnologías más contaminantes, es mucho más reducida a cómo sería sin ellas.
Se han centrado los esfuerzos en la instalación renovable, pero no se ha ido rediseñando el modelo de mercado y la red, y esto es un problema ya que la transición energética no solo es tecnológica, también es estructural. Cuando consigamos integrar inteligentemente lo que ya tenemos, será entonces cuando podamos decir que verdaderamente hemos instaurado un modelo verde, competitivo y barato para todos.