La energía, rehén de la geopolítica

Gasoducto en Alaska

Los mercados energéticos han dejado de responder exclusivamente al equilibrio entre oferta y demanda. Con contexto internacional cada vez más incierto, el precio del petróleo y del gas natural están condicionados por un factor que ha cobrado un protagonismo indiscutible: la geopolítica.

Las tensiones vividas en los últimos meses en Oriente Próximo son un claro ejemplo. Aunque el riesgo de una interrupción del suministro nunca llegó a materializarse, el miedo a que el conflicto afectara al estrecho de Ormuz (por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial y una parte importante del comercio de gas natural licuado (GNL)) sirvió para impulsar el precio del Brent y aumentar la volatilidad de los mercados. Tras el cese de los ataques el viernes 24 de julio se produjo una corrección de los precios, demostrando que los mercados reaccionan tanto a las expectativas como a los hechos.

Un mercado global más expuesto

Este comportamiento refleja una realidad cada vez más evidente: los precios de la energía incorporan una «prima geopolítica». Los operadores no esperan a que se produzca una interrupción del suministro; anticipan el riesgo y ajustan sus posiciones en función de la incertidumbre. En consecuencia, un conflicto, una amenaza sobre una ruta marítima estratégica o un endurecimiento de las sanciones internacionales pueden provocar fuertes oscilaciones en los mercados, incluso cuando la oferta sigue siendo suficiente.

Europa conoce bien esta situación. Tras reducir de forma drástica su dependencia del gas ruso, ha logrado diversificar sus fuentes de suministro mediante el incremento de las importaciones de GNL. Sin embargo, esta estrategia no ha eliminado la vulnerabilidad, sino que la ha desplazado hacia un mercado global mucho más expuesto a tensiones geopolíticas y problemas logísticos. Actualmente, cualquier alteración en las principales rutas marítimas o una mayor competencia con Asia por los cargamentos de GNL puede traducirse rápidamente en un aumento de los precios del gas en Europa.

A esta incertidumbre se suman las decisiones de la OPEP, cuya política de producción continúa siendo determinante para la evolución del Brent. Cuando los recortes de oferta coinciden con un escenario internacional convulso, la volatilidad se intensifica y aumenta el riesgo de precios al alza.

"En un mundo cada vez más interconectado, los mercados energéticos seguirán reflejando no solo el equilibrio entre oferta y demanda, sino también el grado de incertidumbre que marque la actualidad internacional."
Iván Santos, cofundador de Enerjoin
Iván Santos
Cofundador de Enerjoin

Las consecuencias van mucho más allá del sector energético. Un petróleo más caro incrementa los costes del transporte y de numerosos productos industriales, mientras que un gas natural elevado sigue condicionando el precio de la electricidad. Por ejemplo, este aumento en el precio de la electricidad lo vimos durante la semana 30, cuando tuvimos precios de gas en torno a los 65€/MWh y precios de la electricidad por encima de 250€/MWh durante algunas horas. Todo esto repercute directamente en la competitividad de las empresas y en el poder adquisitivo de los consumidores.

Aunque la transición energética permitirá reducir progresivamente la dependencia de los combustibles fósiles, no eliminará a corto plazo la influencia de la geopolítica sobre los mercados. Durante los próximos años, el petróleo y el gas seguirán siendo esenciales para garantizar la seguridad de suministro, especialmente en un contexto de creciente electrificación de la economía, aumento de la demanda energética y el plan de cierre de las nucleares.

La principal lección, y la cual ya debimos de aprender cuando se inició el conflicto entre Rusia y Ucrania, es clara: la seguridad energética ya no depende únicamente de disponer de recursos suficientes, sino también de contar con cadenas de suministro resilientes, infraestructuras robustas y una adecuada diversificación de proveedores. En un mundo cada vez más interconectado, los mercados energéticos seguirán reflejando no solo el equilibrio entre oferta y demanda, sino también el grado de incertidumbre que marque la actualidad internacional.

Porque hoy, más que nunca, la geopolítica también cotiza. Y su influencia sobre el Brent y el gas natural seguirá siendo uno de los principales factores que condicionen la estabilidad económica y energética en los próximos años.

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